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Delirios y alucinaciones en demencia. ¿Cómo debemos actuar?

Delirios y alucinaciones en demencia. ¿Cómo debemos actuar?

DELIRIOS Y ALUCINACIONES EN DEMENCIA ¿CÓMO DEBEMOS ACTUAR?



   Los delirios y las alucinaciones son frecuentes en personas que padecen distintos tipos de demencia y son fuente de estrés tanto para el enfermo o enferma, como para la persona que cuida. Los delirios y las alucinaciones no son lo mismo y pueden presentarse de forma conjunta o por separado. A continuación vamos a ver su diferencias y qué podemos hacer cuando nos vemos ante un enfermo que está en esta situación.



¿Qué son delirios?

   Son trastornos del pensamiento que se caracterizan por presentar ideas falsas, ilógicas y que no admiten razonamiento. Suelen estar basadas en percepciones correctas pero que se interpretan de forma delirante. A veces las personas que los padecen los interpretan como intuiciones.


   Las personas que los padecen suelen ser malpensadas, sospechan de todo el mundo y cualquier motivo lo interpretan de forma que confirme sus sospechas. Sus emociones se instalan desde la rabia y sus pensamientos son hostiles. Rechazan la ayuda y las explicaciones.


   La enfermedad, el estrés, los cambios en su entorno, el duelo y el deterioro cognitivo potencian los delirios.


   Las formas habituales de manifestarse en una persona con demencia suelen ser: Le han abandonado, le maltratan, le han robado, el domicilio en el que está no es el suyo (aunque sí lo sea), su cónyuge le es infiel, las personas que tiene alrededor le engañan y ocultan su verdadera identidad... Espera que alguien querido y ya fallecido vaya a ir a buscarles como si estuviese vivo...etc.



¿Qué son alucinaciones?

   Por el contrario, las alucinaciones no son trastornos de pensamiento sino que son percepciones de tipo auditivo (voces y ruidos), visual (personas y animales), olfativo, táctil o gustativas que se producen sin que haya realmente un estímulo que las provoque, es decir, el enfermo oye y ve cosas que en realidad no están sucediendo. En estos casos, la persona puede ser consciente de su falsedad y admitir que lo que ha visto u oído ha sido un “error” o actuar de forma congruente con lo que ha percibido dándolo por cierto.





¿Qué hacer en estas situaciones?

   No es difícil imaginar el tipo de emociones que pueden generarse en estas situaciones. Las más probables serán nerviosismo, inseguridad y miedo.

   En estos casos, es fundamental mantener la calma y transmitírsela para reducir en lo posible su miedo. Si es necesario, facilitar que nos reconozca diciéndole quién somos, nombre, parentesco o rol profesional. Además, ante los delirios o las alucinaciones en una persona con demencia conviene poner en práctica lo siguiente:


  • Hablarle con suavidad y mostrarse empático, comprensivo con su estado

  • Mantener contacto físico si no lo rechaza, acariciarle, llamarle por su nombre

  • No rebatir las ideas delirantes ni las alucinaciones con argumentos lógicos ni con descalificaciones pero tampoco seguirle la corriente ni engañarle para ganarnos su confianza. Si la persona aun no ha perdido toda su capacidad de razonar, puede descubrir que se le está mintiendo, lo cual agravaría la situación

  • Tratar de orientarles a la realidad ajustándonos lo más posible a la verdad de forma clara y sencilla sin que ello signifique rebatirles

  • Asegurarle que lo que piensa o cree no está ocurriendo mediante acciones que le hagan sentirse seguro, por ejemplo, registrando la habitación para que vea que no hay nadie,asegurarle que volverá a hacerlo cada día para que esté tranquilo, que se va a hacer cargo de comprobar que todo esté bien...etc.

  • Responderle cogiendo el hilo de la parte lógica de su delirio y distraerle con otro comentario. Por ejemplo, imaginemos que cree que le han quitado el reloj que le compró su hija, podríamos intentar que el foco de su atención cambiase mediante una distracción como : ”Ah...Tu hija, es una persona muy simpática, recuerdo que una vez que nos vimos me estuvo contando que...etc.”

  • No es necesario mostrar acuerdo ni tampoco rebatirle, por ejemplo si nos dice “Todas esas personas me maltratan cuando tú no estás”...por ejemplo podríamos responderle: “Veo que no te sientes a gusto con tus cuidadores, entiendo que estés enfadado...Tal vez si les decimos que...etc.”

  • Si dice que oye voces, una respuesta adecuada sería por ejemplo: ” Yo no oigo ni veo lo que me dices pero imagino que eso te estará asustando...”




En definitiva...

   Tenemos que entender que la persona que padece tanto delirios como alucinaciones, sufre una carga de angustia importante. La tónica a seguir ha de ser validar sus emociones, no menospreciarlas y a partir de ahí, siempre desde el respeto, demostrarle en la medida de lo posible que ha sido una confusión, un error... En caso de no ser posible esto último, distraerle con otro asunto.


   Por último, al igual que sucede con otras conductas típicas como la deambulación, siempre que la vivencia no le ocasione angustia o sea peligrosa para él mismo o para otras personas, dejar que suceda es una alternativa a tener en cuenta. No podemos impedir que una persona con demencia sufra delirios y/o alucinaciones, pero de nuestra reacción ante ellas dependerá mucho su bienestar y el de la persona que le cuida.






Mª José Aguilera Muro.
Psicóloga, especializada en adultos mayores.

Fundadora de nosoloarrugas

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