Las arrugas no son las culpables del envejecimiento

Las arrugas no son las culpables del envejecimiento

LAS ARRUGAS NO SON LAS CULPABLES DEL ENVEJECIMIENTO




   El tiempo pasa para todos de forma inevitable, sin embargo no todas las personas viven el envejecimiento de la misma forma. Hay algunas personas que parecen no envejecer, que cuando se está con ellas no transmiten una edad definida, que parecen más jóvenes de lo que realmente son, independientemente de que su rostro tenga más o menos arrugas. Podemos encontrar numerosos ejemplos entre los famosos, no entre aquellos que se estiran la piel como si se tratara de film de cocina, sino entre aquellos que habiendo superado ya los 50/60 años, algunos incluso más, se mantienen activos, actuales en el tiempo que viven, son dinámicos y viven la vida de forma saludable.

   Son personas que transmiten vitalidad, entusiasmo, alegría, interés, motivación, ganas de vivir lo mejor posible la vida que les ha correspondido, independientemente de cual sea su circunstancia. Totalmente alejadas del concepto joven como algo nuevo, sin defectos, sin arrugas... Ese estado-rasgo de la persona lo gestiona el piloto que todos tenemos en la cabina de mando... El cerebro.




La cabina de mando, el piloto.



   Nuestro cerebro es un órgano extremadamente complejo que supervisa todo, absolutamente todo, lo que somos y lo que hacemos;  que al fin y al cabo no deja de ser la misma cosa. Desde la conducta más simple, como pueda ser cerrar los párpados, a la más compleja, crear la última maravilla tecnológica o bien reflexionar acerca de un dilema filosófico. Sin embargo sus capacidades no vienen completamente determinadas desde su origen, lo que nuestro cerebro sea capaz de hacer a lo largo de nuestra vida será el resultado de las interacciones entre factores biológicos y el ambiente en el que se desarrolle.

   Es en éste último, el ambiente, dónde tenemos mayor capacidad de influencia. Al igual que un escultor a partir de una materia prima, trabaja y talla la misma creando su obra, nosotros también podemos trabajar, moldear nuestro cerebro y por lo tanto influir en él cambiando las cosas.

   Antes se pensaba que la neuronas del sistema nervioso central no se regeneraban, que el proceso de envejecer nos condenaba irremediable y exclusivamente a la pérdida; sin embargo esa idea hoy ya está superada.

   Sabemos que durante el envejecimiento, la experiencia sí cambia las conexiones entre neuronas y aparacen más circuitos no sólo más arrugas. Esto sucede a lo largo de toda la vida, es decir desde que se es un bebé hasta que nos convertimos en un adulto mayor. Es a lo que se llama plasticidad neuronal.




¿Cuáles son las conductas que podemos llevar a cabo para cuidar nuestro cerebro y mantenerlo joven durante más tiempo?




   Adoptar hábitos saludables de los que se tiene evidencia científica que reducen el riesgo de deterioro cognitivo como por ejemplo:

  • Controlar y evitar el sobrepeso, el colesterol, la hipertensión, el azúcar en sangre.

  • Evitar el exceso de alcohol y el tabaco.

  • Consumir abundantes verduras y pescados ricos en Omega3.

  • Cuidar el corazón, pues ya se sabe que lo que es bueno para el corazón lo es también para el cerebro.

  • Hacer ejercicio físico, que además de ayudar a generar nuevas conexiones neuronales, es un potente ansiolítico y antidepresivo. Caminar de forma constante todos los días al rededor de 1 hora ayuda también a reforzar el pensamiento creativo.

  • Dormir suficientemente y con buena calidad del sueño para lo que a veces es necesario adoptar hábitos saludables que lo favorezcan.

  • Relajarnos frecuentemente sin dormir. Aprender a desconectar... A veces creemos que porque hacemos muchas cosas a la vez nuestro cerebro está más activo... Sin embargo, dado que nuestros recursos son limitados lo que ocurre es que se activa el “piloto automático” y actuamos de forma mecánica, menos creativa y con mayor dosis de estrés.

  • Procurarnos vida social, no a través de las redes, si no en persona, con contacto físico.

  • Buscar desafíos intelectuales, estudiar un nuevo idioma o aprender a tocar un instrumento.

  • Esforzarnos en actividades o juegos mentales...



En definitiva: ¡No jubilarnos mentalmente nunca!



No son las arrugas las que nos hacen envejecer sino la falta de inquietudes, de curiosidad, de sonrisas y de cuidados a “ese piloto que llevamos en la cabina de mando” lo que realmente acelera el envejecimiento.






Mª José Aguilera Muro.
Psicóloga, especializada en adultos mayores.

Fundadora de nosoloarrugas

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