Envejecimiento y sexualidad

Envejecimiento y sexualidad

ENVEJECIMIENTO Y SEXUALIDAD



   No hace demasiado tiempo que el envejecimiento y la disminución, cuando no ausencia, de deseo sexual se consideraba un tándem indisociable; en la actualidad sabemos que esto no es así, aunque todavía persiste una gran influencia de esa idea. Variables demográficas, sociales y cambios culturales, unidos al aumento de la esperanza de vida de la población, han propiciado que la sexualidad deje de ser un tabú, que sea algo tratado con mayor naturalidad y más practicado entre adultos mayores. El interés por el sexo no desaparece cuando se es un adulto mayor; sin embargo es necesario identificar y adaptarse a los cambios físicos para poder seguir disfrutando de una sexualidad satisfactoria.




Prejuicios y falsas creencias



   Ya hemos hablado en otras publicaciones de este blog, de la influencia tan negativa que ejercen los prejuicios y estereotipos acerca del envejecimiento. En relación con el tema que nos ocupa hoy, el sexo, todavía se hacen mas patentes estos efectos.

   Es cierto que el envejecimiento acarrea cambios fisiológicos que pueden condicionar las relaciones sexuales; sin embargo la falta de actividad sexual se debe en mayor medida a falsas creencias, mitos y prejuicios fruto de la desinformación, y no a problemas físicos incapacitantes en sí mismos. De hecho algunas mujeres disfrutan más del sexo a medida que se hacen mayores al sentirse más tranquilas y con menor presión.

   A continuación vamos a nombrar algunas ideas y prácticas que se siguen manteniendo socialmente y que influyen negativamente en la percepción que el adulto mayor tiene de sí mismo y de sus capacidades. Todas ellas consecuencia del edadísmo:


  • La infantilización del adulto mayor, mirarle y tratarle como si fuese un niño

  • La fantasía de que los padres no tienen sexo y generalizar esta idea a todo el colectivo de adultos mayores

  • La denominación de “abuelos” como un término que incluye a todos los adultos mayores y que los aboca a asumir un rol de cuidador de nietos y a definirse desde el mismo, tengan o no tengan nietos

  • La idea de vulnerabilidad y fragilidad del adulto mayor sea cual sea su estado

  • La idea de que si una persona no es productiva desde el punto de vista laboral y remunerado, ya no tiene nada que aportar a la sociedad. Esta idea lleva ímplicito el mensaje de que la persona ha dejado de ser completa




La situación real es otra bien distinta



   Para empezar no todo el mundo envejece de la misma forma, ni cabe esperar lo mismo en una persona mayor de 60 años que en una de 70, 80 o más... y sin embargo cuando se hace referencia a las personas mayores se les considera a todas miembros de una misma categoría.


   Es verdad que hay factores asociados a la edad que pueden dificultar el desarrollo de la sexualidad y/o disminuir la líbido, por ejemplo:


  • La ingestión de determinados medicamentos para el tratamiento de patologías

  • Algunas enfermedades frecuentes en el evejecimiento

  • Impedimento para lograr la erección en el hombre

  • Ausencia de lubricación en la mujer 


   Esto forma parte normal del proceso natural de envejecer, pero no significa que no haya deseo o que estos cambios impidan seguir disfrutando del sexo. En determinados casos, los obstáculos se pueden salvar con la ayuda de tratamientos médicos, psicológicos o farmacológicos, en otros simplemente dándose más tiempo para sentirse sexualmente excitados. El verdadero problema surge cuando lo que se desea y lo que se puede hacer entra en conflicto, por ello hay que buscar alternativas, estar abierto al cambio y a la adaptación.

   Otro factor que no podemos pasar por alto y que dificulta en cierta medida el mantener actividad sexual, pero que no la impide por sí mismo, es cuando uno de los miembros de la pareja falta. Es evidente que el miembro de la misma que pervive debe ser libre para rehacer su vida y su relación sexual si es ese su deseo. En estos casos los prejuicios sociales tienen un gran peso pero es la propia persona la que tiene todo el derecho a tomar su decisión y llevarla a cabo desde un proceso introspectivo y no influenciado por otros.





Descubriendo otros escenarios sexuales



   En la sociedad occidental, culturalmente, la sexualidad gira en torno a la erección y al coito. Pensar que una sexualidad placentera solo es posible si existe erección más coito, dejará fuera un amplio abanico de posibilidades de tener sexo satisfactorio. Obviamente la erección de un hombre de 20 años y la de un hombre de 80 no serán iguales pero ambos pueden tenerla y de la misma forma tener un encuentro sexual placentero sin ella.

   Lo más importante en una relación sexual debe ser el proceso, disfrutar del momento sin estar pendiente del resultado. Explorar diferentes partes del cuerpo, encontrar la manera de erotizar a la pareja explorando otras zonas y no centrarse únicamente en los genitales. El encuentro ha de enfocarse en lo afectivo, en el contacto y en el redescubrimiento del cuerpo propio y del otro... Un gran número de disfunciones o ausencia de deseo están provocadas por falta de una estimulación adecuada.

   El deseo sexual no caduca con la edad, incluso en ciertos casos aumenta con el paso de los años. La sexualidad nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos y lo necesario es ser flexible y adaptarse a los cambios sean estos físicos o sociales (pérdida de pareja). Mantenerse activo sexualmente implica no solo redescubrir sino también reaprender, cada etapa del ciclo vital es distinta y lo que es válido en la adolescencia no tiene por qué serlo en la juventud, en la madurez o durante el envejecimiento.




   Comprender esto, aceptarlo e interiorizarlo nos ayudará a todos, por un lado a transmitir este mensaje en la sociedad y acabar con prejuicios y estereotipos. Por otro, a no poner fecha de caducidad a nuestra sexualidad y afrontar el envejecimiento de la forma mas positiva y placentera posible.




Mª José Aguilera Muro.
Psicóloga, especializada en adultos mayores.

Fundadora de nosoloarrugas

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